El primer hijo pone a prueba a toda la familia, pero sobre todo a la mamá ya sea por falta de información o por miedo/celos a que los demás estén cerca de su pequeño. 

Hoy te platicamos 5 errores comunes que quizás ya los pasaste o estás en el proceso: 
Abrigarlo demás: Los recién nacidos tienden a enfriarse, pero si les abrigamos demasiado sudan mucho. Además, se ha comprobado que aumenta el riesgo de asfixia y muerte súbita. Podemos saber si tiene frío si sus manos y pies están fríos o un poco amoratados. En ese caso conviene abrigarlo más. Si suda por la parte del cuello y la cabeza, es que tiene calor y le quitaremos algo de ropa.

No hacer ruido en la mañana si el bebé duerme: ¡Sssshhh, el bebé está dormidito! Si mamá también aprovecha ese ratito para dormir y descansar, estupendo, pero si no, no es aconsejable hacerlo. Al cumplir el mes y medio, los patrones del sueño empiezan a relacionar los ciclos de luz-oscuridad y el pequeño está más predispuesto a dormir más tiempo por la noche. Por eso debe percibir la luz del sol y habituarse a los ruidos cotidianos de la casa durante las siestas para saber cuándo es de día. Además, si hay un silencio absoluto cuando el niño duerme, cualquier ruido le sobresaltará. Parar la actividad del resto de la familia durante el sueño del bebé no es bueno ni para el niño, ni para los padres.

Dejarlo llorar: La teoría de que hay que dejar llorar a los niños porque si no se mal acostumbran no tiene ningún fundamento. Cuando un bebé llora debemos de abrazarlo en seguida, consolarle e intentar averiguar qué necesita para proporcionárselo (tomar pecho, que le cambien el pañal, arroparle, quizás siente calor, etc…). Es la mejor manera de demostrarle que puede fiarse de sus padres porque estamos ahí cuando nos necesita.

No seguir indicaciones del pediatra: Los tiempos cambian y lo que hace 30 años era ideal para los bebés, hoy ya no se recomienda. Aunque a veces echemos mano de la experiencia y sabiduría de nuestra madre, el pediatra es la persona que más conocimientos tiene sobre lo que es adecuado o no para nuestro hijo. En principio no deberíamos dudar de sus recomendaciones, ni sustituirlas por otras.

No crear una red de apoyo: Afrontar un parto e inmediatamente después el cuidado de nuestro hijo requiere un enorme esfuerzo físico, mental y emocional. Es normal que existan bajones en los que la madre cree que no puede con todo. Admitir nuestras limitaciones, reconocer que estamos cansadas, que el cuidado del bebé nos agobia y nos angustia por la inexperiencia, y sobre todo, ser capaces de pedir ayuda cuando una situación nos desborda, ayuda a superar la situación y no nos hace más débiles. Al contrario, demuestra que somos humanas y sobre todo sensatas.

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